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El erotismo ayer y hoy

63426_868738583145548_3333027142476620761_nNo se puede negar que el erotismo desde siempre y en todo momento ha inspirado al arte. Es capaz de hacer vender cualquier cosa como por ejemplo vehículos, alcohol, móviles libres y hasta limpiadores. El erotismo empapa nuestra sociedad, y hay tantas formas de vivirlo como personas en el planeta. ¿Mas qué es? ¿De qué forma se manifiesta? ¿Es exclusivo de la especie humana? Antes de seguir, tal vez fuera recomendable entrar en el significado de ciertas palabras. Abriendo el diccionario de la Real Academia de la Lengua, hallamos en la definición de “erotismo”: “1. Amor sensual. dos. Carácter de lo que excita el amor sensual. tres. Ensaltación del amor físico en el arte”. Entre las 3 acepciones, las voces “tarot de amor gratis” y “sensual” semejan ser las que más abundan. Una consulta a “sensual”, que de entrada guardaría más relación con lo que excita y lo físico, lanza estas acepciones: “1. Perteneciente o bien relativo a las sensaciones de los sentidos. dos. Se afirma de los gustos y recrees de los sentidos, de las cosas que los alientan o bien satisfacen y de las personas apasionadas a ellos. tres. Perteneciente o bien relativo al deseo sexual”. Todo apunta a que los sentidos y el sexo van cobrando estrellato en estas definiciones. Y semeja asimismo que el erotismo debe ver con la satisfacción o bien la incitación con relación al deseo sexual. Mas esta definición no es pormenorizada puesto que, si bien parezca que con esto se baja el nivel, hay que tomar en consideración la pornografía. ¿Quizás esta no tiene del mismo modo como función incitar o bien satisfacer el deseo sexual cl ver una escena porno?

Una cuestión de pudor

Aun cuando se habla de sexo, la palabra “porno” semeja introducir un punto indecoroso. La Real Academia Española afirma de la pornografía lo siguiente: “Carácter indecente de obras literarias o bien artísticas”. ¿Y de qué manera se define “impúdico”? “Obsceno, torpe, ofensivo al pudor”. ¿Al pudor? Es decir, que sería ofensivo a lo que los académicos definen como “honradez, modestia, recato”. Tras esta incursión lingüística, queda una pregunta: ¿si algo atenta contra el pudor, entraría más en el terreno de la pornografía que en el del erotismo? Asistir a este criterio para distinguir entre lo erótico y lo porno tiene su aquel, puesto que no hay solamente relativo y también inestable que el pudor. Es una relatividad patente en todos y cada uno de los sentidos, desde el cronológico -no es igual el pudor en la temporada victoriana que en la hippie-, hasta el geográfico -no genera exactamente el mismo efecto instruir los pechos en una tribu de África que en la Gran Vía madrileña-, por poner solo 2 ejemplos. La idea general podría ser que todo lo porno es erótico, puesto que alienta lo perteneciente al deseo sexual, mas no todo lo erótico es porno, pues no todo atenta contra el pudor. Mas las creencias más quisquillosas pueden objetar a esto la posibilidad de que determinadas personas, al sentirse invadidas por ese atentado contra su pudor, dejen de percibir excitación en el sentido sexual y se sientan insultadas o bien de forma directa enojadas. Desde ahí, solamente antierótico que lo porno. Estamos, puesto que, en un bucle.

La frontera del porno

El cine ha logrado una distinción considerablemente más precisa, cuando menos en el sentido clasificatorio: cine erótico es el que habla de encuentros sexuales y nos cuenta antecedentes, preliminares y contextos ya antes de llegar al encuentro anatómico, rigurosamente hablando. Mas el contacto carnal que muestra tiene un tabú claro: el pene masculino. Este se oculta al espectador, si bien no de esta manera los pechos y el pubis femenino, que aparecen en pantalla, eso sí, sin excesiva contundencia. En cambio, el cine X pierde poco tiempo en preliminares -no solo eso, sino cuando el directivo abusa de ellos, el usuario acostumbra a echar mano de la tecla de avance veloz de su vídeo- y muestra de manera directa los encuentros sin tabúes masculinos y con rebosantes patentizas y primeros planos. Poco guion y mucha concreción genital. Y esto que semeja solo una diferencia entre lo erótico y lo porno asimismo marca una distinción entre las preferencias de mujeres y hombres. Visto esto, podría concluirse que el erotismo debe ver con todo lo que alienta, facilita o bien excita los deseos sexuales, es decir, que coincide con la segunda acepción de la Real Academia Española. Mas charlar de sexo tampoco es fácil por el hecho de que, entre otras muchas cosas, puede no representar lo mismo para un sexólogo que para un profano en la materia. El sexo hace referencia a la separación y diferencia entre hombre y mujer, mas quizás su representación social se refiera más al encuentro anatómico dirigido al placer. Esta dimensión es para los sexólogos la erótica, que tan solo forma un factor de un conjunto más global llamado sexo. Recientemente, influidos por los términos anglosajones, se tiende a comprender toda la dimensión sexual en solo una de sus posibilidades, la erótica, lo que es incorrecto mas comprensible.

La belleza variable… La fuerza irreprimible del erotismo. Eros, manual de uso¿Y qué miras?
Una reciente investigación efectuada en U.S.A. con la ayuda de microcámaras ha desvelado las unas partes del cuerpo donde más fija su atención el sexo opuesto. De esta manera, los hombres tienden a dirigir la mirada cara la zona de los senos (1), al paso que las mujeres se fijan sobre todo en la estructura corporea (dos), donde lo idóneo sería un pecho ancho y una cintura angosta. Además de esto, sí hay un punto fijo donde acostumbran a fijar su atención: el trasero (tres).
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Indudablemente, uno de los primeros desencadenantes eróticos es algo tan cambiante y relativo como la belleza. El atrayente físico aparece matizado por cuestiones geográficas -Oriente y Occidente no comparten exactamente los mismos patrones de belleza-, por la cultura reinante en un país o bien otro -si bien los dos pertenezcan al mismo ambiente-, o bien aun por la religión. Mas alén de estos matices claros, la evolución cronológica nos enseña abundantes cambios en gustos y cánones, aun en una misma cultura y religión dominantes. Sin ir más allá, el cuadro de Goya La Maja Desnuda, pintado hace unos doscientos años, es un reflejo de lo que se consideraba hermoso en aquella temporada. Mas examinado con los cánones actuales -y sin ánimo de resultar maleducados-, llama la atención que el título del cuadro sea la Maja y no la Baja y Rechoncha, títulos que indudablemente le serían adjudicados en dos mil seis. No solo eso, sino la pobre modelo debería someterse a un esmerado adiestramiento -aeróbic, spinning, pilates- para endurecer lo que semejan ser unas carnes más bien poco prietas, y pasar por unas sesiones de rayos UVA para borrar su excesiva palidez. Evidentemente, una comparación a doscientos años vista puede resultar demasiado radical, mas asimismo hallamos casos en situaciones más próximas en el tiempo: a principios del siglo veinte, las mujeres exageradamente delgadas y de tez morena eran asociadas con la desnutrición y el trabajo al aire libre, con lo que no parecerían exageradamente deseables. Por eso los sexagenarios consideren flacuchas y pellejudas a muchas de las modelos actuales, y manifiesten una diferencia en su criterio de belleza respecto al de sus descendientes. Buscando un caso más reciente, la estética hippie imponía una mujer de pechos no exageradamente rebosantes, lo que forzó a muchas con bustos espléndidos a disimularlos con túnicas y jerséis extensos. Unas décadas después, en los años ochenta y noventa, nuevamente se pusieron de tendencia los pechos grandes, y el Wonderbra empezó a marcar el estrellato en el tórax femenino.

…y la belleza inalterable

¿La belleza es, por lo tanto, un tema de azar más que de calidad? De entrada sí, si bien no se trata de una cuestión tan azarosa, azarosa y antojadiza, ni tampoco tan modal, geográfica y culturalmente cambiante como pudiese parecer en un primer análisis. Existen patrones comunes que aun trascienden fronteras entre el arte occidental y el oriental. Ciertos autores charlan del “eje caderacintura” como una incesante en el modelo de atracción femenina. Es verdad que los valores absolutos de las medidas del perímetro de la cadera y la cintura pueden cambiar de una cultura y una temporada a otra, mas la proporcionalidad de las medidas en este eje de la zona pélvica continúa como una especial coincidencia, y acostumbra a quedar establecida en un índice de 0,7. Está suficientemente documentado y contrastado que dicho patrón es el favorito en toda sociedad, con independencia de la temporada, cultura, geografía o bien religión. Lo mismo podemos aseverar del eje hombros-cintura en los varones. Se trata de unas preferencias que se manifiestan desde la niñez más temprana. Conforme asevera Manuel Domínguez-Rodrigo en su libro El origen de la atracción sexual humana, “los bebés prestan considerablemente más atención visual a quienes reúnen los criterios que los adultos definen como precioso. Estos bebés no han sido influidos todavía por criterios de clase cultural y se puede decir que expresan su atención y atracción de modo completamente innato”. De la misma forma, con relación a lo que se considera un semblante hermoso hay unos patrones más estables de lo que se podría opinar. La revisión de múltiples estudios transculturales, que daban exactamente los mismos resultados en el país nipón que en Inglaterra, deja desmenuzar el ideal universal de belleza facial femenina: pómulos altos y sutilmente sobresalientes, ojos grandes, barbilla saliente y triangular, distancias pequeñas entre nariz y boca y entre nariz y barbilla, labios sustanciosos y gruesos, y cejas arqueadas. Un semblante de esta manera sería considerado hermoso en cualquier cultura; y ligeras alteraciones sobre este estándar podrían transformarlo de hermoso en en especial atrayente. No sin sorna, Adolf Tobeña en su libro El cerebro erótico se protesta de que “frecuentemente, no obstante, se esconde esa realidad bajo el alegato bienpensante de que los gustos y las reglas culturales lo empapan todo, hasta el punto de que no hay una biología de la belleza”. No solo se pone en cuestión la culturalidad de la belleza y, por ende, del atractivo; es que además de esto, tratándose de los hombres, su capacidad de atracción está sosten a los dictados hormonales dependiendo de la fase del ciclo menstrual en el que se halle la mujer. Diferentes estudios comprueban que en la fase de ovulación, cuando la probabilidad de fecundidad es mayor, las mujeres semejan sentirse más atraídas por el atrayente físico -garantía de salud y calidad en la descendencia de la prole- que por otras cuestiones relacionadas con la calidad o bien la estabilidad sensible.

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Cambios para el varón

Quizá la belleza y el atrayente que se le asocia no sea un invento de la moda, sino suceda que la moda aproveche esta situación para sacar ventaja y hacer negocio con algo que resulta más estable y transcultural de lo que de entrada parecía. Y no hay que ajustarse en su estudio al sexo femenino: llegados al comienzo del siglo veintiuno las demandas y demandas de belleza se marchan a delimitar de una manera clara asimismo para los varones. La publicidad va a ser un recurso para los antropólogos, arqueólogos y sociólogos del futuro, que imaginamos andarán empeñados en conocer, si verdaderamente tiene sentido, algo de nuestro planeta actual. No obstante, alén de la hastiada y manida discusión sobre si la atracción física tiene una raíz genética o bien cultural, no hay duda de que la fantasía sexual humana es una expresión que supera este discute. El erotismo se transforma en un resorte activador del deseo sexual. La seducción, como juego no verbal, insinuaciones, comunicación gesticular y anatómico global, nos charlan de una subjetividad del erotismo que difícilmente podríamos cuantificar de forma precisa.

En el momento en que un poco es mucho

La sensualidad a la que hace referencia la Real Academia Española sería como el iceberg de la sexualidad, que muestra solo parte de su totalidad para atraer cara el fondo y cara su dimensión. En esto reside, al lado del aderezo ineludible de la belleza, la sugerencia sexual, que toma como base el erotismo y sus manifestaciones. Incitar y sugerir, sin llegar a enseñar del todo; mas deslumbrando con aquello “poco” que muestra, como algo extraordinariamente atrayente, que nos hace llenar con deseo aquello que sabemos que está, mas que ya no vemos. Y en este juego de enseñar, el humano da al erotismo unos matices y unas herramientas incalculables.

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