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Una pasada aprendiendo a conducir

Una pasada aprendiendo a conducir1511488_549819368513803_1009886850030385224_n

Muy buenas a todo el mundo aquí yo soy una mujer de 41 años, con una educación bastante anticuada, casada con un hombre maravilloso y con 2 hijos, Daniel de veintiuno años, muy, muy guapo, moreno, alto, atlético y muy cariñoso. La pequeña, Amapola tiene dieciocho años, asimismo morena y alta, pelo largo rizado, ojos negros grandes y también muy guapa y cariñosa. Yo mido 1,73, peso 58 kilos, con grandes y firmes pechos, angosta cintura y anchas caderas, piel muy blanca con pelo negrísimo, ondulado y largo. Mi nombre es C. y mi marido M., de pelo castaño y cuerpo atlético, mide 1,86 y pesa noventa y dos kilos Somos una familia muy feliz y a nivel económico nos va bien. Vivimos en una urbe del Levante de España, donde nací y mis hijos.

Pero…. siempre y en toda circunstancia hay un pero en la vida, mi marido estaba insatisfecho con nuestra vida sexual. Decía que me encontraba muy pasiva y que nuestra sexualidad era muy pobre. Supongo que es por mi anticuada educación en una familia muy religiosa. Desde que me casé ya no practico la religión, solo voy a la iglesia cuando existe alguna boda en la familia, bautizos y cosas de este modo. Esto es, yo creo que no me condicionan los tabúes religiosos, mas tampoco sabia abrirme a esa sexualidad de la que me charlaba mi esposo. La cuestión es que en ocasiones he tenido clímax muy agradables, si bien muy de tarde en tarde es verdad. Nunca me atreví a hacérselo con la boca y tampoco me gustaba que me lo hiciese a mí, me parecía algo sucio. Tampoco le dejaba que me lo hiciese por detrás, asimismo lo consideraba sucio. Mi marido y yo hablamos con mucha confianza de estas cosas y llegó a decirme que quizá no supo despertar en mi la sexualidad. Desde hace cierto tiempo me viene proponiendo que tenga una aventura con otro hombre a ver si de esta forma me despierto sexualmente. Que esta presto a pasar de ahí que si redunda en beneficio nuestro. Nunca le tomé en serio esa proposición, es mas me incordiaba que me lo afirmara. No me atraía la idea de estar con otro hombre, era algo que rechazaba por instinto o bien quizá por la educación restrictiva, que había recibido en mi juventud.

El caso es que hace como un año me dijo lo siguiente: cariño, ¿recuerdas lo que te costó de tiempo y esfuerzo aprender a conducir? Te suspendieron dos veces en los exámenes y estuviste a punto de renunciar. Pero tu querías a toda costa tener el permiso de conducir para tener tu propio vehículo, eh?. Al final lo conseguiste y me decías que te valió la pena el esfuerzo. ¿te acuerdas cariño de todo aquello?. Era verdad, estuve múltiples veces a punto de renunciar, mas mi deseo de tener mi coche y no tener que depender de ellos, pudo pero y lo logré. Bien, me afirmó, puesto que ahora vas a aprender a conducir pero….conducir tu sexualidad. Yo no comprendía qué deseaba decirme, la verdad, mas por respeto a él le afirmé que bueno, como afirmara. Tras ese preámbulo me afirmó que había reservado hotel en una población muy turística de la costa, lejos de casa, para mi primera lección durante el fin de semana. rubia quiere sexoLlegamos un viernes por la tarde al hotel, nos duchamos y cambiamos de ropa. Me hizo ponerme un vestido muy corto y ajustado, color turquesa, sin tirantes. El se había ocupado de comprarlo y, la verdad, me sentaba muy bien, si bien lo veía muy provocativo. Asimismo se había ocupado de la ropa interior y las medias y los zapatos. Las bragas eran minúsculas, un tanga de hilo que por detrás ni se veía y por delante no me tapaba absolutamente la pelambrera. El sujetador era de copa, sin tirantes, que casi no cabían mis pechos y sobresalían por arriba. Las dos piezas eran de color granate. Las medias, hasta medio muslo, del mismo color turquesa que el vestido e igualmente los zapatos de alto tacón. La verdad es que me veía elegante y atractiva mas muy provocativa para mi gusto. Mi marido me tranquilizó y me dijo que allá no nos conocía nadie y que casi todo el mundo eran turistas extranjeros. Me llevó a un restorán de gran lujo y el menú consistió en ensalada y pescado, además de mucho marisco, que me chifla. Parecía nuestra luna de miel, estaba súper cariñoso conmigo y muy mimoso y atento, mas también se encargó que bebiese pero vino de lo que acostumbro y eso me puso muy alegrey irrefrenada.

Ya habían pasado las once de la noche y me llevó a un bonito y muy elegante lugar de música y baile. Me dijo que allá empezaba la primera clase de conducir y consistía en que si algún hombre me sacaba a bailar, que fuera con él reposadamente y si me agradaba que repitiera. Si no fuera por el vino que había tomado, hubiese formado la bronca, seguramente, mas le sonreí y asentí con la cabeza. Ya había reservado mesa junto a la pista de baile. Nos sentamos, pidió bebidas y salimos a bailar. Yo estaba como flotando por culpa del vino y, como me gusta mucho bailar, aproveché y me lucí bastante. Yo no me daba ni cuenta, pero había ciertos hombres que no me quitaban la vista de encima, eso me afirmó después mi marido. Después de un rato bailando, nos fuimos a la mesa y fue al baño, recordándome que bailase si algún hombre me invitaba. Apenas se había retirado mi marido que ya tenia a múltiples alrededor, me miraban y me hacían señas para danzar. No sé que me pasaba, la verdad, pero aquello me hacia gracia, todo era nuevo para mí y en mi estado alcohólico, me excitaba.

Uno de ellos, altísimo y guapo, un pelirrojo francés, como de 35 o treinta y ocho años, se me acercó e invitó a bailar. Como una robot, me levante agarrada a su mano y lo proseguí a la pista. Era música lenta y me pegó a él. Bailaba muy bien, cerré los ojos y me dejé llevar por la música y su cuerpo. Parecía estar en una nube y, lo pero extraño, no sentía ningún rechazo hacia ese hombre. Algunas veces miraba cara la mesa, mas mi marido no aparecía y su copa tampoco. Después lo vi apoyado en la barra y con su copa en la mano, me observaba prudentemente, me sonrió y me hizo señales para que prosiguiera bailando y de esta forma lo hice por prácticamente una hora, hasta el momento en que lo vi sentado en la mesa y le afirmé al francés que deseaba descansar y beber algo. Me acompañó y saludó a mi marido, que lo invitó a quedarse con nosotros. Nos contó en buen español, que era divorciado, francés, su nombre Renier y que estaba allá para dos semanas de vacaciones. Mi marido no se anduvo por las ramas y le dijo que estaba haciendo un curso de aprendizaje a conducir….mi sexualidad. A pesar de mi estado, me dio vergüenza, pero él se rió bastante y nos afirmó si podía colaborar a la enseñanza. El tipo era muy simpático y atrayente. Mi marido me miró pidiendo aprobación y le sonreí y le di un beso en la mejilla. Entonces mi marido le dijo a Renier que me sacase a bailar y que empezara la primera clase, jajaja. Ni se cortó, se levantó y tomando mi mano me ayudó a levantarme y me llevó a la pista de baile. Ahora sí, ahora me pego mas a su cuerpo y bailábamos absolutamente unidos, recosté mi cabeza en su hombro sin ningún rubor y me dejé llevar. Le pasé mis brazos por detrás de su cuello y él me tenia una mano en la cintura y la otra en la nuca. Jamás pensé que pudiese estar de esta forma con otro hombre y, por si fuera poco, delante de las narices de mi marido que me incitaba a ello. No pensaba, me dejaba llevar en una nube y él acercó su boca a mi oreja y me lamía suavemente, qué delicia.

Me separaba cada vez pero de donde estaba mi marido, pues veía que yo lo miraba constantemente. Una vez lejos de la mirada de mi marido, paso su boca de la oreja a la mejilla y de la mejilla a mi boca. Entonces yo reaccioné, separé mi cara y lo miré a los ojos un tanto atemorizada. Él, con una picara sonrisa, me dijo: recuerda que soy tu profesor y estas aprendiendo a conducir. Jajaja aquello me deshizo y volví a pegarme a él, que nuevamente intentó besarme en la boca. Esta vez yo no afirmé nada, mas la sostenía cerrada, mientras que él hurgaba con su lengua tratando de introducirla en mi boca. Aquello me estaba excitando hasta tal punto que abrí mi boca y le dejé mi lengua a su merced. De este modo me tuvo un rato besándome, chupando mi lengua y enroscándola con la suya. Ya no pensaba yo en nada, no podía, me gustaba. Nos apartamos, nos miramos a los ojos y esta vez fui yo la que acerqué mi boca a la suya con desesperación, me lo comía y como tenia mis manos en su nuca, apretaba su cara a la mía. El mientras que, deslizó una mano cara mis pechos y por encima de la ropa me masajeó suavemente. Sobre mi pubis notaba la dureza de sus atributos masculinos. Tuve la sensación que algo húmedo meresbalaba por los muslos y baje mi mano a comprobar, eran mis propios jugos vaginales. Eso nunca en mi vida me había ocurrido y ahí estaba yo, con mi mano tocándome en mis intimidades levantó de la silla y subiéndome el vestido hasta la cintura, me sentó en una mesa que allá había, aproximó su cara a mi amedrentad, apartó el tanguita a un lado, me abrió los labios vaginales con los dedos y también introdujo su lengua en mi mojado coñito. Aquello fue la locura, no tarde ni 2 minutos en gritar como una vaca de tanto placer y del orgasmo bestial que tenía. Caí hacia atrás sobre la mesa, no me podía sostener mas prosiguió trabajándome con su sabia lengua y tuve otros dos orgasmos del mismo modo magníficos. Tras esto me asistió a levantarme y me apoyó sobre la baranda de la terraza mirando cara la calle. Desde atrás me metió suavemente su larga y gorda polla en mi chochito. Solo meterla y ya me corría otra vez, qué delicia, nunca en mi vida me había corrido pero de una vez en una sesión. Él prosiguió bombeando su polla en mí y mojándose un dedo en mis jugos, me lo introdujo en mi culo virgen, tuve otro orgasmo. Después metió otro y otro, me dilató bien el agujerito y ni me dolía de tanto placer como sentía con su polla dentro de mi vagina. Al rato, la sacó y me la metió por el culo….uuuummmmm qué placer me inundó. Debí agarrarme bien de la baranda pues me iba a caer desmayada. Me venia un orgasmo tras otro sin antídoto. Gemía, gritaba, me retorcía de placer y le pedía mas, mas, más.

Así estuvimos como media hora de insensatez divino hasta el momento en que me inundó las tripas con su leche caliente y nos quedamos quietos tal cual un ratito. Al final se le salió ya floja y dándome la vuelta nos besamos con locura, pasión, ternura….Se subió los pantalones y me asistió a componer mi ropa, pero ya antes me pidió el tanga como recuerdo, cosa que accedí por supuesto. Me fui directa al baño a limpiarme y arreglar el maquillaje. Mientras que me veía en el espejo no me reconocía, era otra mujer. Era una satisfacción y bienestar el que inundaba mi cara, era un despertar a otra clase de vida, era un despertar a nuevas experiencias escondes en mi hasta ahora, era una mujer nueva, diferente y feliz. Me fui cara la mesa y allá estaba mi marido buscándome con la mirada. Se levantó al aproximarme y nos abrazamos, nos dimos un largo beso en la boca. Me acariciaba el pelo y me decía….tranquila mi amor, tranquila mi amor….De Renier ni indicio, ya no lo volvimos a ver aquella noche. Estuvimos de acuerdo en irnos enseguida al hotel, quería estar a solas con él, hacer el amor con él, abrazarnos, querernos, amarnos interminablemente. Una vez en nuestra habitación nos fundimos en un abrazo de amor, tierno y también interminable.

Ahora me llegaban los remordimientos de lo hecho anteriormente con la lengua francesa, el sentimiento de culpa, la inseguridad de su posible reacción cuando lo supiese. Semeja que adivinó mis pensamientos y mirándome a los ojos me dijo: mi amor, quédate sosegada, has sido una gran alumna y aprendiste veloz a conducir….el sexo. Estoy muy orgulloso de ti mi amor. Yo lo miraba incrédula, tanta felicidad, tantas cosas nuevas que me habían ocurrido esa noche, tantas sensaciones inolvidables y ignotas para mi y….tanto amor y comprensión que me probaba mi venerado esposo. Para tranquilizarme me aclaró que…cuando os fuisteis a la terraza, os proseguí disimuladamente y he podido ver con mis ojos cuanto has gozado, cuanto sexo contenido había en tu interior, esta es la mujer nueva que quería. Mi amor, cariño mío, estoy muy orgulloso de ti. Nos volvimos a abrazar y caímos sobre la cama, desapareció rápidamente nuestra ropa y  pronuncié la palabra mágica, su polla dio un salto y se le puso como un palo de dura. Me puse a cuatro patas y , desde atrás me pasó la lengua por el agujerito y también introdujo un dedo y como vio que entró con facilidad, velozmente se situó y me la metió hasta sentir sus huevos pegar contra los cachetes de mi trasero. Uuuummmm, ahora gozaba conscientemente de lo que cara, qué delicia me había perdido tantos años, toda mi vida con mi amado esposo le había negado ese placer suyo y mío. Tuve un orgasmo y otro y otro…no sé cuantos, ya antes que él soltara su jugo de amor en mí. Caí de bruces sobre la cama y el encima, sin desajustarnos, nos quedamos dormidos.

A la mañana me desperté con una rica sensación, me daba con la lengua en mi clítoris, le pasé la mano por la cabeza y nos miramos con cara de felicidad y amor. Me cambie de postura para hacer el sesenta y nueve. Cuando observé que se iba a correr paré y lo tumbé boca arriba en la cama, yo me subí sobre él y me introduje yo misma su dura polla en mi coño y comencé el sube y baja. En eso estábamos cuando entró la camarera para arreglar la habitación….jajajajaja….ella salió veloz al ver la escena y a nosotros nos dio la risa, pero seguíamos y proseguíamos dándonos placer. Como a las 12 del medio día salimos a una terraza a desayunar y planear qué haríamos esa noche. Me planteó que, tras la cena, iríamos a otro sitio diferente a bailar y que tenia libertad de tomar otra lección de conducir con un nuevo y especialista maestro, jajaja. Entre risas…le afirmé que precisaría muchas lecciones, jajaja y el me contestó que todas y cada una de las que fueran necesarias. De ahora en adelante, me dijo, todos y cada uno de los fines de semana van a ser para aprender a conducir.

Esa tarde, tras el alimento, nos fuimos a nuestra habitación a hacer el amor de nuevo. Ya no había tabúes para mi, ya lo quería todo, disfrutaba de todo y en todas y cada una de las posturas. Todo me parecía limpio, bueno, gozoso….

Por la tarde bajamos a la boutique del hotel, compramos nuevas tangas y otras ropas muy sexy para esa noche. Ya no me lo tenia que pedir, misma escogía lo mas provocativo y me lo probaba a fin de que el me viera. El estaba en el séptimo cielo y yo muy feliz asimismo. Antes de irnos esa noche debí hacerle una buena felación para bajarle su dura polla, jajaja. En el momento en que cenamos, tomamos un taxi y le solicitamos que nos llevase a algún pub elegante de música y baile. Una vez dentro, el se quedó en la barra y me senté en una mesa bien a la vista. Pronto empezaron a aproximase los tíos. Yo los iba rechazando con la excusa de que aguardaba a mi marido hasta….que apareció mi elegido…un morenazo de unos treinta y dos años, alto, fuerte, muy guapo y elegante….

En este instante del relato de cómo aprendí a conducir…sexualmente, jajaja, me dice mi marido que lo escriba en otro capitulo, por el hecho de que seria largo. Él fue quien me insistió a fin de que relatara de qué forma fue mi despertar sexual, de qué forma aprendí a conducir…..jajajaja.

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